jueves, 1 de octubre de 2009

EN FEBRIL, AGUJAS MIL...


Como diría Sabina, la mañana acabó, y la tarde duró lo que tarda en llegar la noche. El "caos de los ascensores" fue decreciendo a medida que los familiares del "difunto frutero" fueron debidamente informados de que su querido y llorado Pepe, cual Lázaro del siglo XXI, "se levantaba y andaba".
Aun así había quien empujaba tímidamente con su dedo índice el cuerpo del frutero, para comprobar que efectivamente se encontraba vivo.
Por otra parte, en los pasillos de Medicina Interna tras el amago de rebelión y la aparición de los señores de verde y caqui (porra en mano), se instauró un toque de queda informal que invitaba al exceso de familiares a abandonar el Hospital, y a permanecer en silencio a los que decidieran quedarse.
El incidente del cuenco había sido arrinconado en una de las más oscuras y apartadas esquinas del olvido, y Paco Penas se disponía a afrontar una nueva noche de sobresaltos y experiencias desagrabables.
Fue en ese preciso momento cuando un leve dolor de cabeza, precedido de escalofríos lo animó a llamar al personal de planta.
Le tomaron la temperatura y, como era de esperar, apareció la fiebre.
Paco Penas suspiró pensando que la maldita pesadilla en la que se había convertido su ingreso no tenía fin, y se metió en la cama buscando el consuelo de unas horas de sueño y tranquilidad que el destino le negaba sistemáticamente desde hacía ya casi 48 horas.
Apenas llevaba 15 minutos en posición fetal, tapado con su sábana y una manta hasta las orejas, cuando una mano tocó levemente su hombro.
Francisco, vengo a sacarle sangre....debe ser un error, ya me sacaron esta mañana, ¿no se acuerdan?....si, pero ahora es distinto, hay que sacarle unos hemocultivos...¿unos que?....hay que cultivar su sangre, para ver que tipo de bicho le provoca la fiebre...
Paco imaginaba ya a varios señores de blanco, manejando azada y rastrillo y esperando que de su sangre germinaran tomates, alcachofas, lechugas o vaya usted a saber qué otro tipo de hortalizas y verduras. No es que Paco fuera un ignorante redomado, mas bien se debía a la confusión resultante de mezclar la falta de información con 39 grados de temparatura corporal, cocktel explosivo a todas luces.
Nuestro protagonista puso el brazo, y sufrió de nuevo el "delicioso" sabor del acero cuando perfora la piel, aunque en esta ocasión los famosos "tubitos" de colores se habían transformado en botellines de cristal que se llenaban y llenaban y llenaban.......cuando acabó la sangría, Paco se dió media vuelta e intentó conciliar el sueño de nuevo.
Media hora más tarde, de nuevo una mano se posa en el hombro....
Francisco, que vengo a sacarte otro poquito de sangre....¿otra vez?....si, es que para cultivar la sangre hay que extraer una nueva muestra a la media hora de la primera, ¿sabes?
No, lógicamente ni lo sabía ni le habían dicho nada.
Pero como donde hay patrón no manda marinero, Paco pacientemente extendió el otro brazo y volvió a padecer una de las mayores torturas que pudieran hacerle sentir (es menester recordar su fobia a las agujas).
Nuevamente intentó buscar refugio en las profundidades de las sábanas y en el abrigo de su cama.
Basilio, al que su hija ya había dejado solo, empezaba a despertarse. Pero sus "antonias" habituales le resultaban casi imperceptibles a su febril oído y no suponían peligro para la búsqueda del sueño.
Lástima que el sueño de la fiebre sea a veces más estresante que la propia vigilia; Paco daba vueltas y vueltas en la cama, el dolor de cabeza iba en aumento y se reflejaba ya en cuello, hombros y espalda, por lo que el descanso se hacía imposible.
De nuevo, alguien lo llama..
Francisco.....la enfermera esta vez está con cara de circunstancias.....¿que pasa ahora?...verás...es que resulta que te han pautado un antibiótico y medicación para la fiebre, y tal....y nos hemos dado cuenta de que no tienes cogida una vía..¿una qué?...un gotero, Francisco, hay que ponerte un gotero.....la madre que me parió.....
Misma ceremonia....brazo alargado y aguja (esta vez más gruesa) perforando la piel....uich, estas venas están difíciles.....
Paco se pone nervioso, podía haberse callado, piensa.
Finalmente, hay suerte pues quiso Dios o la Divina Providencia que a pesar de su intensa fobia, sus brazos tuvieran buenos cauces sanguíneos, profundos, pero buenos....
Media vuelta en la cama, y a empezar de nuevo.
El sueño febril se implanta en su cabeza y las pesadillas con sonidos extraños, imágenes etéreas y voces a lo lejos no hacen sino romper su tranquilidad y descanso, ya que Paco sólo acierta a moverse una y otra vez en la cama buscando una posición que le proporcione calma y sosiego.
En esto que una voz lo despierta súbitamente
¡¡¡ANTONIAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!
Paco instintivamente se pone en pie de un salto y todo está en penumbra
¡¡¡ANTONIAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!
Paco respira hondo y su cabeza, algo menos febril que antes, recuerda que Basilio está solo y que Antonia se fue a su casa hace unas horas.
La llorosa forma de llamar a su hija, hace que Paco tenga un acceso de compasión por el anciano Basilio......¿qué le pasa?......la mano........¿qué le pasa en la mano?..........dame....la mano....
Paco, aturdido por la súplica, alarga la mano en la oscuridad y se posa en la barandilla.
Palpa a golpecitos por encima de ella buscando la mano de Basilio y llega a tocar sus fríos dedos...
Aquí está la mano.....Basilio se aferra con su mano a la de Paco y éste comprueba que la frialdad de los dedos se ha convertido en calor, un calor pegajoso, fluctuante, y con intenso olor a............¡¡¡mierdaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!
Efectivamente,......a Basilio le gusta compartirlo todo.