martes, 2 de octubre de 2012

JUEGO DE TRONOS




Share/Bookmark

Tras la frenética jornada de persecución de hormigas a lo largo y ancho de los pasillos de Medicina Interna, parecía que la paz se asentaba por fin en la unidad. Lejos parecían quedar las carreras, avisos telefónicos y llamadas al orden de aquella caótica mañana en que esos dichosos y diminutos insectos de seis patas habían puesto en jaque a la flor y nata del gremio de Mantenimiento del hospital.
Se presentaba pues, un día relativamente tranquilo (y digo relativamente, porque no olvidemos que en Medicina Interna, nada es relativo...mas bien correlativo, es decir, "una detrás de otra").
Pero hablar de tranquilidad en las entrañas de esa unidad, era como hablar de lucidez en Leticia Sabater, o de rigor informativo en Intereconomía...un espejismo.
Al cabo de unas horas, Paco Penas y Seymour recibían el ingreso de un nuevo y temido "inquilino": el anciano Basilio, aún más desmejorado que de costumbre, y que (de momento) no parecía venir dispuesto a "dar la noche" con sus interminables gritos en plena madrugada. Al contrario, parecía bastante tranquilo y sosegado, hasta el punto de dedicarle una simpática sonrisa a Paco Penas...¿lo habría reconocido?.
Tras acomodarse en la habitación, Antonia, la hija de Basilio, se dispuso a afrontar una larga noche provista de un cuadernillo repleto de sudokus a medio hacer, un mp4 donde tenía la discografía completa de Isabel Pantoja, Mocedades, Juan Pardo y "algo más movidito" como Karina y Luis Aguilé, y un ejemplar del libro "El highlander seducido", novela romántica en cuya portada un musculoso, rasurado y bravo highlander de masculina falda escocesa prometía todo tipo de fantasías durante esas horas a la pudorosa y remilgada Antonia.
Pero cuál fue su sorpresa cuando descubrió que en la habitación había tres enfermos, tres camas, tres acompañantes....y sólo dos sillones, ya ocupados por Pepi (la esposa de Paco Penas), y por Mildred (joven amante bandida de Seymour...mas bien amante de su cuenta corriente).
Así que con las manos ocupadas por el mp4, el libro y el cuadernillo de sudokus, y mirando hacia todos los rincones habidos y por haber de la 312, finalmente preguntó.
- ¿Y mi sillón?
- La están arreglando. Se la llevaron esta misma mañana- respondió Paco Penas.
- ¿Y ahora dónde me siento? ¿Dónde me echo la cabezadita?
Ante la callada por respuesta de los presentes, Antonia, ni corta ni perezosa (bueno, algo perezosa sí), salió al pasillo de Medicina Interna en busca de un sillón sin dueño. Y así entró en la 311, donde solo había dos enfermos con sus acompañantes, y tres sillones.
- Disculpen....¿aquí sólo hay dos enfermos ingresados?
- Sí...-respondió una de las acompañantes con extrañeza- ¿Por qué?
- Porque no tengo sillón en mi habitación, así que me la llevo...
- Aaaaah, nonononononono....ese sillón se queda aquí.
- Pero si no lo está utilizando nadie...
- Bueno, pero igual lo utiliza mi niño Adonai que tiene que venir a ver a su abuela
- Señora, son casi las once de la noche...ya no hay visita.
- ¿¿Cómo que no?? ¿¿y eso dónde está escrito??
- En un cartel a la entrada de la planta
- ¡¡Pues yo nunca he visto ese cartel!!
Antonia, tomó por los reposabrazos el sillón, y empezó a arrastralo con pesadez hacia fuera de la habitación, pero la señora con la que había estado discutiendo, dio un prodigioso salto y agarró el sillón por el respaldo.
- ¡¡Que no se lleva el sillón, lesheeeeeeeeeee!!
- ¡¡Suelta, maharonaaaaaa!!
Ambas se enzarzaron en una igualada contienda...tan pronto el sillón avanzaba hacia la salida de la habitación como volvía a retroceder la distancia recorrida en una sinfonía de bufidos, maldiciones, exabruptos y chirriar de patas en el suelo.
Tras varios minutos de tiras y aflojas, la madre de Adonai blandió sobre su cabeza su bolso de imitación de charol de leopardo marca "Guchi" (sic) y tras dar dos vueltas en el aire para tomar impulso, cual David enfrentándose a Goliat, lanzó el susodicho hacia la cabeza de Antonia, que echando hacia atrás su cuerpo (al más puro estilo Mátrix) esquivó el proyectil con destreza, para luego responder arrojando su cuadernillo de sudokus. El impacto del canto del cuadernillo (en su parte puntiaguda), provocó el desconcierto en su oponente, momento que aprovechó Antonia para arrebatar el preciado trono a los habitantes de la 311.
-....japutaaaaaaaaaaaa!!! - se oía desde las oscuras profundidades de la habitación- ...comotecojaenmibarriotevacagápol-lajpatabajooooo!!!!
Antonia, satisfecha por el botín, colocó el sillón junto a la cama de Basilio. Se sentó, encendió su mp4 y comenzó a escuchar "Amor de hombre" de Mocedades mientras abría las primeras páginas de "El highlander seducido"...pero cuando quiso poner las piernas en alto, reparó en que no tenía banqueta de pies. Miró a un lado y a otro, y tras comprobar que cada uno de los enfermos tenía su sillón y su correspondiente banqueta de pies, preguntó:
- ¿Y la banqueta?
- Arreglándose también...-contestó Paco Penas.
- ¿Y ahora dónde apoyo los pies?
- Ay, Dios....

No hay comentarios: